michelle-obama-1129160_1280
Comparte con tus contactos:Share on LinkedInTweet about this on TwitterShare on Google+Share on FacebookEmail this to someone


(Para ver el discurso subtitulado en español pulse aquí)

 

Los políticos estadounidenses nos tienen acostumbrados a un altísimo nivel en sus dicursos, donde hacen gala de su gran capacidad oratoria y excelentes dotes comunicativos. Pero el último discurso de Michelle Obama en New Hampsire ha rozado la perfección.

Ya en la convención demócrata, medios de comunicación de todo el mundo alabaron su capacidad oratoria y, hace unos días, lo ha vuelto a hacer. Esta vez para posicionarse sobre las escandalosas y humillantes palabras de Donal Trump hacia las mujeres.

Michelle Obama no solo ha leído sino que ha interpretado un discurso poderoso, hablando a los corazones de la audiencia. Se ha dirigido sobre todo a las mujeres, devolviéndoles con sus palabras la dignidad que Trump les ha arrebatado, realzando los valores de lo femenino y movilizando a la audiencia para castigar al candidato republicano en las elecciones.

 

Un discurso excelentemente escrito

El discurso está escrito de forma excelente.  De no ser así, por mucha capacidad oratoria de Michelle Obama, si no hay un texto poderoso detrás no lograría conectar con la audiencia de la manera que lo hace.

Por cierto que la autora del mismo se llama Sarah Hurwitz y varios medios ya han hablado de ella, por ejemplo La Vanguardia.

Repasemos las claves del discurso.

Escenarios contrapuestos:

Lo primero que hace Michelle Obama en su discurso es crear dos escenarios contrapuestos y antagónicos.

Las palabras de Trump saltaron a los medios de comunicación la misma semana que se celebraba el Día Internacional de las Niñas y eso ha sido utilizado muy inteligentemente por la Primera Dama para crear un conflicto, una oposición (recordemos además que Obama está especialmente involucrada en esta causa a través de su iniciativa Let Girls Learn).

Contrapone dos escenarios antagónicos: la de unas jornadas que sirve para reivindicar el derecho y la dignidad de las niñas, frente a las palabras de un hombre que no muestra ningún respeto por las mujeres, que las cosifica y que además se enfrenta a varias denuncias públicas por abuso sexual.

Michelle Obama cuenta que al acto conmemorativo acudieron niñas que son un verdadero ejemplo de superación. Niñas que luchan contra las adversidades para intentar cumplir sus sueños y con las que compartió sus esperanzas y anhelos.

“Les dije que se merecían ser tratadas con dignidad y respeto y que debían ignorar a quienes las menospreciaran o infravaloraran”. Con estas declaraciones es como Michelle Obama se lleva a la audiencia a su terreno, creando lugares comunes, porque nadie, en su sano juicio, podría estar en desacuerdo con esta clase de afirmaciones.

La Primera Dama crea un escenario donde está claramente definido lo que está bien y lo que está mal y la audiencia, más consciente o inconscientemente, toma partido de ello. Independientemente de la ideología de cada uno, este es un debate que transciende los colores políticos de cada uno, sino que trata del bien y del mal.

La dignidad de las mujeres va más allá de partidos políticos. De manera que invita a la audiencia a dejar de lado sus convicciones ideológicas para castigar lo que está mal, haciéndoles responsable de sus decisiones. Tanto es así que llega a decir que votar a Trump es “validar la humillación hacia las mujeres”.

 

Habla desde lo personal:

Si os dais cuenta, en su discurso Michelle Obama no usa ni una cifra ni un argumento puramente objetivo. La Primera Dama no habla desde los hechos, sino desde lo personal, habla en primera persona y logra conectar emocionalmente con la audiencia.

Se presenta como una mujer ofendida por las palabras de Trump. Incluso la voz se le quiebra por momentos, dándole mayor credibilidad y poder a su mensaje.

 

Tomar la parte por el todo:

Michelle Obama reduce a Donal Trump a su misoginia. En su discurso no habla de otra cosa que no sea sus palabras ofensivas y su trato denigrante hacia las mujeres. Cualquier otro aspecto de su ideología política no importa porque todo esto invalida el resto de aspectos.

Lo desacredita para gobernar y refleja su misoginia como producto de su debilidad porque “los hombres fuertes no necesitan humillar a las mujeres para sentirse poderosos”. Lo convierte así en el anti-lider, el anti-héroe, porque nadie quiere a una perona débil para gobernar su país.

Conecta con los valores nacionales

Esta es otra de las estrategias que utiliza para conectar con el público: apelar a los valores nacionales que nada tienen que ver con la ideología de cada persona, sino con unos principios éticos compartidos por todos y todas. Una vez más intenta llevar a la audiencia a su terreno.

Hace referencia una y otra vez a las futuras generaciones. Conecta a nivel emocional con aquellos padres y madres que se preocupan por la educación de sus hijos (el 99,9% de ellos seguramente).

Habla de cómo los padres y madres evitan que los hijos escuchen las palabras malsonantes de Trump (recordemos que en EEUU censuras las palabrotas), retratándole una vez más como el villano que usa palabrotas hirientes para los niños.

 

Pero… ¿Michelle Obama no está ahí para pedir el voto por Hillary Clinton?

Así es. Y esta es otra de las grandezas de este discurso: que no entra directamente a decir que Hillary Clinton es la mejor y más capacitada de los candidatos.

La estrategia es diferente. Primero sitúa a la audiencia en un escenario interesado, alerta de los peligros de que gobierne Donald Trump para, 16 minutos después, ofrecer la solución ante este enfrentamiento entre el bien y el mal: votar a Hillary Clinton.

En sus palabras hacia la candidata demócrata no faltan los halagos a Hillary Clinton como mujer: como madre, hija, esposa ejemplar. Porque ¿qué mejor que luchar contra la misoginia de Trump que poniendo a una mujer a la cabeza de la nación más poderosa del mundo?

 

Un discurso excelentemente interpretado:

No sabemos cuántas veces Michelle Obama habrá ensayado este discurso, pero estoy segura que muchísimas. En los casi 30 minutos de duración no hay ni un solo titubeo, y ya se sabe que lo van leyendo como los presentadores de televisión en un telepromter, pero para leer sin titubear también hay que valer.

Más aun hay que valer para leer un discurso tan largo y no caer en la monotonía ni sonar aburrida. Lejos de esto, el tono de voz de Michelle Obama cambian continuamente. Habla pausadamente y con deleite cuando narra las jornadas por el Día Internacional de las Niñas y realmente se enfurece cuando describe las palabras de Donal Trump y se muestra tan abiertamente en su contra.

Si lo siente de verdad o no, o es actuado, nunca lo sabremos. Pero lo cierto es que lo vive, lo hace suyo y funciona.

Acompaña las palabras con un lenguaje corporal estudiado hasta el milímetro. Su seguridad no solo está en su presencia en el escenario, sino también en su voz y en la expresión de su rostro. Realmente parece conmoverse en algunas partes de ese discurso. Sus manos, no se mueven al tuntún, sino que sirven para reforzar el mensaje y dar contundencia a sus palabras.

Es una lástima que su papel como Primera Dama esté a punto de finalizar, porque ver sus discursos vale realmente la pena y es mucho lo que se puede aprender de ellos.

Comparte con tus contactos:Share on LinkedInTweet about this on TwitterShare on Google+Share on FacebookEmail this to someone

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>